Superación

Cuando uno se encuentra mal, tiene dos opciones.

Hundirse en las profundidades, abandonándose a todo,  dejando que el malestar que nos invade se apodere de nuestro ser, o tratar de nadar, tratar de mantenerte a flote y luchar.

Entre las cosas que mas me ayudan diariamente a mantenerme a flote, hacer deporte es una de las principales.

Hacer deporte me equilibra, y me devuelve la calma. No quiero decir que el resto de cosas que me rodean no sea importante. Todo forma un ecosistema que repercute en mi estado de animo. El hecho de mantener una relación armoniosa y saludable con mi mujer, me mantiene despierto y con ilusión. Quizás y principalmente es esa ilusión que ella despierta en mi, el motor que hace que me ponga a nadar y luche cuando mi mente se hunde dentro del fango. Ella es, digamos, uno de mis catalizadores. Después el resto es cosa mía.

Volviendo al deporte. Me encontraba muy mal. Las cosas que pasaban por mi cabeza,  me atormentaban, paralizándome incluso (aun hoy en día lo sigo experimentando). En una lucha por querer escapar, por sobrevivir a todas esas sensaciones que me invaden, comencé a hacer deporte. Y descubrí que esforzarme físicamente, correr, levantar pesos, hacer flexiones, y sudar como resultado de alguna actividad física, hacían que mi mente volviese a un estado de calma. Lo imagino como la superficie del océano. Un plano recto, sin oscilaciones, y que debido a una serie de factores en los que me veo afectado por ser en mayor o menor medida sensible a ellos, hacen que la superficie de este plano se tambalee hasta limites inimaginables y que parecen no tener vuelta atrás. Sin embargo, si que la hay. Hay una vuelta atrás en la que la superficie vuelve a estar quieta y sin movimiento. Alcanza un estado de quietud que supera con creces cualquier cosa que pueda experimentar. Es en esos momentos cuando al respirar, de nuevo vuelvo a sentir como me embriaga un gran bienestar. Y por ese bienestar merece la pena todo el esfuerzo.

Por esta razón, he de decir que a veces, cuando consigo llegar a ese estado mental, consigo ser consciente de ello y en consecuencia (por que si no fuese consciente no seria capaz de valorarlo) siento una inmensa felicidad y agradecimiento.

Debo de trabajar y esforzarme todavía mucho. No he hecho más que empezar, pero como una vez me dijo mi hermana Conni, “ya no hay prisa, no voy a marcarme un plazo. Tengo toda la vida para lograrlo”.

Texto&imagen: Arturo Hernández Santodomingo©All rights reserved

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